La neurociencia detrás del journaling
El journaling, la práctica de escribir de forma regular sobre lo que pensamos y sentimos, no solo se ha consolidado como uno de los hábitos de bienestar más recomendados por psicólogos y expertos en salud mental, sino que también cuenta con un respaldo cada vez mayor desde la neurociencia.
Porque cuando escribimos, no solo volcamos pensamientos en un papel: estamos reorganizando nuestro cerebro.
A diferencia de teclear, escribir a mano implica una coordinación compleja entre el cerebro, el sistema nervioso y el cuerpo. El movimiento de la mano activa áreas relacionadas con la atención, la memoria, la planificación y la integración emocional. Este gesto físico convierte los pensamientos abstractos en algo tangible, visible y ordenado.
Tal como explica la doctora Nazareth Castellanos, especialista en neurociencia y divulgación científica, el uso de las manos no es neutro: el cuerpo influye directamente en el cerebro. Al escribir, no solo pensamos; sentimos lo que pensamos. Y esa conexión favorece una mayor coherencia interna entre emoción, pensamiento y acción.
"Escribir a mano refuerza la conexión entre nuestros pensamientos y acciones. Nos da claridad y nos ayuda a convertir los pensamientos y emociones en un relato más ordenado y manejable que nos lleva a la acción”.
Por este motivo, escribir es un hábito fantástico para liberar pensamientos, aprender de tus decisiones pasadas y aclarar tus ideas.